

El rendimiento de una bomba de calor no solo se mide en eficiencia energética. El ruido que genera también condiciona el confort diario, la relación con los vecinos y la percepción de calidad del sistema. En proyectos de vivienda unifamiliar de alto nivel, el silencio deja de ser un detalle para convertirse en un requisito. Por eso conviene entender de dónde viene el ruido de las bombas de calor, qué nivel se considera aceptable y qué decisiones de diseño e instalación ayudan a reducirlo al mínimo.
Toda bomba de calor tiene componentes mecánicos y elementos en movimiento. Aunque las marcas cuidan cada vez más el aislamiento y el diseño acústico, siempre habrá un cierto nivel de ruido asociado al funcionamiento normal. La clave está en que ese ruido sea bajo, estable y no invasivo en las estancias principales de la vivienda.
En una instalación típica, el sonido procede sobre todo de la unidad exterior y, en menor medida, de la circulación del agua en el circuito hidráulico. Un buen diseño desde el proyecto y una instalación cuidada hacen que ese ruido quede en un segundo plano y no interfiera ni en el descanso ni en el uso de las terrazas o zonas ajardinadas.
El primer foco de ruido es el compresor, que se encarga de comprimir el gas refrigerante. Su funcionamiento provoca vibraciones y un zumbido continuo que debe quedar amortiguado por el chasis de la máquina y los elementos elásticos de apoyo. Los modelos de gama alta incorporan compresores inverter y carcasas específicas para reducir esa transmisión sonora.
El ventilador de la unidad exterior es el segundo elemento clave. Su función es mover el aire a través del intercambiador, y según el diseño de las aspas, la velocidad de giro y el tamaño del ventilador, el ruido percibido puede variar bastante. Un ventilador bien dimensionado y que trabaje a bajas revoluciones genera menos ruido, incluso cuando la bomba de calor está a plena carga.
No todo depende de la máquina. El ruido de una bomba de calor también se ve afectado por la superficie sobre la que se apoya, la cercanía a muros rígidos, el efecto “caja de resonancia” de patios o rincones estrechos y el tipo de tuberías empleadas. Una instalación con soportes rígidos, sin silentblocks o mal anclada puede transmitir vibraciones a la estructura de la vivienda.
El entorno inmediato también amplifica o atenúa el sonido. Una unidad colocada en una esquina dura, rodeada de paredes, reflejará más ruido que la misma máquina situada en una zona abierta con elementos que absorban parte de la energía sonora, como vegetación o cerramientos adecuados.
Cuando se habla de ruido de bombas de calor, las fichas técnicas suelen indicar el nivel en decibelios (dB) medido a una distancia determinada. Estos números sirven de referencia, pero lo importante es cómo se percibe ese sonido desde el interior de la vivienda y desde las zonas de estancia exterior como terrazas o porches.
En términos generales, se considera razonable que una unidad exterior moderna se mueva en rangos de ruido similares a un aire acondicionado de última generación, con modos de funcionamiento nocturnos más silenciosos y una curva de potencia que evite picos bruscos de sonido.
La diferencia entre 5 o 10 decibelios puede parecer pequeña sobre el papel, pero acústicamente es muy relevante. Un equipo que declara pocos dB menos, bien instalado, puede suponer una percepción subjetiva mucho más agradable, especialmente por la noche. Por eso no basta con mirar la potencia térmica: conviene comparar también la ficha acústica y entender en qué condiciones se ha medido.
Otro punto importante es que el ruido no sea intermitente o irregular. Un zumbido estable suele resultar menos molesto que un sonido que sube y baja constantemente, o que incorpora vibraciones metálicas, golpes o resonancias. Ese tipo de comportamientos suelen indicar problemas de instalación o de mantenimiento.
El usuario percibe el ruido de dos formas distintas: el sonido directo de la máquina al estar en el exterior y el ruido transmitido al interior de la vivienda por vibración o por la circulación del agua. Un diseño correcto evita que el dormitorio se convierta en una caja de resonancia cuando la bomba de calor entra en modo de máxima potencia.
En el interior, un sistema bien planteado debe ser prácticamente imperceptible. El objetivo es que el confort térmico se note, pero el equipo no. Si el usuario identifica claramente cuándo arranca o para la bomba de calor mientras está en el salón o en la habitación, algo no está del todo bien ajustado.
El control del ruido comienza mucho antes de encender la instalación por primera vez. Depende de la elección del equipo, el lugar en el que se coloca, el tipo de soporte, el diseño de las tuberías y el equilibrio hidráulico. Cada una de estas decisiones suma o resta puntos al resultado final.
Cuando se valora la compra de una bomba de calor, conviene tratar el tema del ruido bombas de calor como una parte central del proyecto, no como un detalle secundario. Esa conversación inicial evita problemas posteriores con los vecinos o con el propio usuario.
Las gamas domésticas y residenciales de mayor calidad ya incorporan compresores de baja vibración, ventiladores optimizados y envolventes que reducen la emisión sonora. En proyectos de alto nivel, merece la pena priorizar modelos con un buen equilibrio entre eficiencia y bajo nivel de ruido, incluso aunque el coste de adquisición sea algo superior.
También es importante ajustar la potencia a las necesidades reales. Una bomba de calor sobredimensionada tenderá a trabajar a impulsos, arrancando y parando con mayor frecuencia, lo que se traduce en variaciones de ruido más perceptibles. Una máquina bien dimensionada funciona de forma más continua y estable.
La posición física de la unidad exterior es clave. Siempre que sea posible, se recomienda alejarla de dormitorios y zonas de descanso, así como de linderos sensibles con otros vecinos. Ubicaciones como cubiertas técnicas, patios bien ventilados o zonas laterales con espacio alrededor ayudan a difuminar el sonido.
El apoyo debe realizarse sobre una base sólida, pero desacoplada mediante silentblocks o soportes elásticos que absorban vibraciones. Colocar la máquina directamente sobre una losa o un forjado sin elementos de amortiguación es una de las causas más habituales de ruido transmitido al interior.
El circuito hidráulico también puede generar ruido si el agua circula a demasiada velocidad o si hay estrangulamientos, purgadores mal situados o elementos que provocan turbulencias. Un diseño equilibrado, con bombas de circulación adaptadas y válvulas bien dimensionadas, evita golpes de ariete y ruidos de paso.
Revestir las tuberías con aislamiento adecuado no solo reduce pérdidas térmicas, también amortigua el sonido del flujo de agua. En recorridos que discurren cerca de dormitorios o salones, este detalle marca la diferencia entre un sistema silencioso y uno molesto.
Con el paso del tiempo, las fijaciones se pueden aflojar, los ventiladores acumulan suciedad y los rodamientos pierden suavidad. Todo ello incrementa el ruido de la bomba de calor. Un mantenimiento periódico, con revisión de pares de apriete, limpieza de ventiladores y comprobación del estado del compresor, mantiene el nivel sonoro dentro de lo esperado.
Cuando el usuario percibe que el ruido aumenta respecto a los primeros meses de funcionamiento, suele ser una señal de que la instalación necesita una revisión técnica. Atender estos avisos a tiempo evita averías mayores y prolonga la vida útil del equipo.
El objetivo final es que, dentro de la casa, la presencia de la bomba de calor pase desapercibida. El tipo de emisores elegidos, el equilibrio hidráulico y el control de la velocidad de circulación influyen directamente en el ruido percibido en las estancias.
En sistemas bien planteados, ni el salón, ni los dormitorios ni la zona de trabajo deberían verse condicionados por el sonido del equipo, incluso en días de frío o calor extremos en los que la bomba de calor trabaja a mayor potencia.
El suelo radiante tiene una ventaja clara: al no utilizar ventiladores, su funcionamiento es prácticamente silencioso. El usuario no percibe impulsos de aire, ni rejillas soplando, ni cambios bruscos en la temperatura. Todo el confort se transmite a través de la superficie del suelo.
En el caso de los fancoils, conviene seleccionar modelos específicos para uso residencial, con niveles de ruido bajos y varias velocidades de ventilador. La configuración en modo “confort” a bajas revoluciones suele ser suficiente para mantener la temperatura, reduciendo al mínimo el ruido interior.
Una forma sencilla de reducir la percepción del ruido bombas de calor es aprovechar la programación horaria. Ajustar la producción de calor o frío a las horas de mayor demanda y suavizar el funcionamiento en horario nocturno disminuye la probabilidad de molestias.
Los modos silenciosos o “night mode” integrados en muchas bombas de calor reducen la velocidad del ventilador y la potencia máxima durante la noche. Aunque la capacidad de producción baja ligeramente, en viviendas bien aisladas suele ser suficiente para mantener el confort mientras el usuario descansa.
Es importante distinguir entre el ruido normal de funcionamiento y los síntomas de un posible problema. Una bomba de calor siempre generará cierto sonido de fondo, pero ese ruido debe ser suave, constante y razonable para el entorno en el que se ha instalado.
Si aparecen vibraciones metálicas, golpes, ruidos intermitentes muy marcados o un aumento claro del nivel sonoro respecto a los primeros meses de uso, conviene solicitar una revisión técnica. A veces basta con ajustar soportes, purgar el circuito o equilibrar caudales; en otros casos, el origen está en una mala ubicación o en un dimensionamiento incorrecto.
Golpeteos al arrancar o parar, zumbidos muy intensos, ruidos de rozamiento en el ventilador o vibraciones que se perciben en paredes o techos son avisos claros de que algo no está bien. Ignorarlos solo agrava el problema y puede derivar en averías de mayor coste.
También es un mal signo que los vecinos se quejen del ruido de la unidad exterior, especialmente por la noche. En ese caso, además de revisar la máquina, puede ser necesario reestudiar la ubicación o añadir pantallas acústicas y elementos de absorción.
En Revizo tratamos el ruido de las bombas de calor como una parte central del proyecto, no como un detalle añadido al final. Nuestro enfoque pasa por elegir equipos silenciosos, diseñar bien la instalación, cuidar la ubicación de las unidades y ajustar los sistemas de control para que el confort térmico no vaya acompañado de molestias acústicas.
Si estás valorando instalar una bomba de calor o tienes una vivienda en la que el ruido se ha convertido en un problema, estudiamos tu caso en detalle y te proponemos soluciones técnicas realistas, tanto en obra nueva como en rehabilitación. Trabajamos con criterios de eficiencia, respeto al entorno y calidad de vida a largo plazo.

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