

¿Por qué tu aerotermia consume más de lo esperado?
Una instalación de aerotermia puede funcionar “bien” y, aun así, gastar más de lo que debería. En la práctica se nota enseguida: facturas que no cuadran, el equipo trabajando demasiadas horas, una casa que nunca termina de sentirse estable o esa sensación de que todo está correcto, pero el consumo se dispara. Cuando ocurre, casi nunca es por una sola causa, sino por una suma de decisiones pequeñas que, juntas, penalizan el rendimiento.
En este artículo vas a ver por qué tu aerotermia puede estar consumiendo más de lo esperado, qué señales son las más fiables y qué puntos conviene revisar para recuperar eficiencia sin sacrificar confort. El enfoque es directo y práctico, pensado para propietarios que quieren entender lo que está pasando antes de tocar ajustes, llamar al instalador o pedir una revisión completa.
La aerotermia no “crea” calor, lo traslada, y su eficiencia depende de las condiciones en las que trabaja. Si el sistema está obligado a empujar temperaturas demasiado altas, si hay pérdidas en la envolvente del edificio o si la regulación no está bien afinada, el consumo sube. No porque la tecnología sea mala, sino porque está fuera de su zona cómoda.
En una vivienda bien diseñada, la aerotermia trabaja a baja temperatura con continuidad, y eso es lo que hace que el consumo tenga sentido. En cambio, cuando entra en una dinámica de arranques y paradas, o cuando necesita picos de potencia para “perseguir” la temperatura, el contador se convierte en el indicador más honesto de que algo falla.
La aerotermia suele dar un rendimiento excelente cuando el emisor acompaña (suelo radiante, fancoils bien dimensionados o radiadores de baja temperatura) y cuando la vivienda no exige heroicidades por falta de aislamiento, puentes térmicos o infiltraciones de aire. Su punto fuerte es mantener la casa estable, no pegar calentones.
Cuando se intenta usar como si fuera una caldera “de golpe”, subiendo consigna rápido o forzando temperaturas del agua muy altas, el sistema pierde eficiencia. La vivienda puede llegar a calentarse, sí, pero el coste por kWh útil se dispara.
Hay señales que se repiten en muchas casas donde el consumo no debería ser tan alto. La clave es fijarse menos en la cifra final y más en el patrón: cuándo consume, cuánto tiempo está encendida la máquina y qué ocurre con la temperatura interior.
Si identificas uno o varios de estos indicios, tienes material suficiente para revisar la instalación con criterio, y eso evita el clásico “todo está bien” sin datos que lo respalden.
Una cosa es que la aerotermia funcione muchas horas de forma estable y otra muy distinta es que esté “siempre a tope” sin llegar a estabilizar la vivienda. Si el equipo pasa el día entero intentando alcanzar la consigna, algo le está pidiendo más de lo razonable: temperatura de impulsión, demanda térmica real o regulación.
En casas con buena inercia y emisores adecuados, la máquina suele modular: trabaja más cuando toca y baja cuando la vivienda ya está estable. Si no modula o modula poco, o si el compresor entra y sale continuamente, hay un problema de base que conviene localizar.
Los ciclos cortos penalizan la eficiencia, aumentan el consumo y suelen ser síntoma de un dimensionamiento mejorable, falta de inercia hidráulica o una regulación que ordena “todo o nada”. La aerotermia rinde mejor cuando mantiene un régimen estable.
Si notas que la unidad exterior arranca fuerte, se para, vuelve a arrancar y repite ese patrón durante horas, no es un “comportamiento normal”. Es un comportamiento que puede estar costando dinero.
Hay viviendas donde el consumo es alto y, aun así, el confort es mediocre: zonas frías, estancias que tardan mucho en llegar a temperatura o cambios bruscos de sensación térmica. Eso suele apuntar a desequilibrios hidráulicos, emisores mal dimensionados o a una temperatura de impulsión que no está alineada con la vivienda.
En aerotermia, confort irregular y consumo alto suelen ir de la mano. No es raro que el propietario pague más precisamente porque el sistema está luchando contra una instalación que no está afinada.
Para bajar consumo hay que encontrar la causa dominante. A veces es una sola. Muchas veces son dos o tres. El objetivo es identificar dónde está el cuello de botella y qué tiene sentido ajustar primero para notar un cambio real.
Estas son las causas más frecuentes cuando una aerotermia consume más de lo esperado en una vivienda unifamiliar.
La eficiencia de una bomba de calor cae cuando le pedimos impulsiones altas. No hace falta entrar en fórmulas para entenderlo: cuanto más lejos esté la temperatura del agua de la temperatura exterior, más esfuerzo hace el compresor. Ese esfuerzo se convierte en consumo.
Si la instalación trabaja a 50–60 ºC de manera habitual para calefacción, conviene revisar por qué está ocurriendo. Puede ser por emisores no adecuados, por una curva climática mal configurada o por un objetivo de temperatura interior demasiado agresivo en relación con la vivienda.
La curva climática decide cómo sube o baja la temperatura de impulsión según la temperatura exterior. Es el “cerebro” que permite que la casa vaya estable sin estar corrigiendo todo el rato con el termostato.
Una curva demasiado alta hace que el sistema vaya sobrado de temperatura y consuma de más. Una curva demasiado baja hace que el sistema se quede corto y esté muchas horas empujando sin llegar. En ambos casos, el resultado es peor: o pagas de más o no estás cómodo, o las dos cosas.
Cuando el emisor está pensado para caldera (radiadores tradicionales dimensionados para altas temperaturas), la aerotermia puede “cumplir”, pero lo hace fuera de su rango eficiente. En estos casos el consumo alto es, en parte, una consecuencia del diseño.
Esto no significa que sea obligatorio rehacer la casa. Significa que hay que ser realistas con el rendimiento esperado, optimizar lo optimizable y, si procede, plantear mejoras: mejor equilibrado, ajustes de curva, cambios puntuales de emisores en estancias críticas o apoyo con soluciones compatibles.
Una vivienda puede tener aerotermia, buen emisor y, aun así, consumir más si el circuito no está equilibrado. Caudales incorrectos, válvulas mal ajustadas o circuitos que “roban” flujo a otros generan desigualdad térmica y obligan al sistema a trabajar más tiempo del necesario.
En suelo radiante, el equilibrado es especialmente sensible: un circuito que entrega demasiado calor y otro que entrega poco crea un confort irregular que invita a subir consignas, y eso aumenta consumo sin resolver el origen.
Hay configuraciones perfectamente válidas, pero mal ajustadas, que generan pérdidas: recirculaciones de ACS innecesarias, setpoints altos de agua caliente sanitaria, horarios poco inteligentes o prioridades mal definidas entre calefacción y ACS.
El ACS es uno de los puntos donde el propietario suele perder dinero sin darse cuenta. Un depósito a temperatura demasiado alta durante demasiadas horas, o con ciclos de elevación frecuentes, eleva consumo de forma silenciosa. Conviene revisar temperaturas, horarios y necesidades reales de la vivienda.
En determinadas condiciones de humedad y temperatura, la unidad exterior tiene que hacer desescarches, y eso es normal. El problema aparece cuando la ubicación o la instalación favorecen escarchas frecuentes: mala ventilación, obstáculos cercanos, recirculación de aire frío o condensados mal gestionados.
Si el equipo entra en desescarche con mucha frecuencia, el confort puede caer y el consumo subir. Una simple revisión de ubicación, distancia a paredes, exposición al viento dominante o acumulación de humedad puede marcar diferencias.
Hay comprobaciones que un propietario puede hacer sin tocar parámetros delicados. El objetivo es tener información: patrones de uso, horarios, sensaciones por estancias y datos básicos que permitan una conversación técnica seria con el instalador.
No se trata de “trastear”. Se trata de observar y registrar lo suficiente como para que el diagnóstico no sea un intercambio de opiniones, sino una revisión basada en hechos.
Subir y bajar la consigna varias veces al día suele empeorar el consumo. La aerotermia trabaja mejor con estabilidad. Si la casa tiene inercia, es frecuente que la mejor estrategia sea mantener una consigna razonable y permitir que el sistema module.
Conviene revisar también los horarios. Si estás calentando cuando no hay nadie, o si el sistema entra en “modo recuperación” todos los días porque se le deja caer demasiado, el consumo sube. Muchas veces el ahorro está en evitar recuperaciones agresivas.
Si hay una estancia que siempre va fría, el propietario suele compensar subiendo la consigna general. El resultado es un gasto extra en toda la vivienda por un problema localizado. Identificar esas estancias sirve para revisar aislamiento, caudal, equilibrado o diseño del emisor en ese punto.
En viviendas grandes, los desequilibrios por orientación, uso o exposición solar son normales. Lo importante es que el sistema esté pensado para zonificar o, como mínimo, para compensar esas diferencias sin obligar al equipo a trabajar de más.
Si la aerotermia trabaja muchas horas sin que la casa esté demandando calefacción, el ACS suele ser el sospechoso habitual. Temperatura de consigna, horarios, recirculación y hábitos de uso cuentan más de lo que parece.
Un buen punto de partida es preguntarse si el depósito está manteniendo temperaturas altas durante demasiadas horas, o si el sistema está reponiendo energía con demasiada frecuencia por pérdidas o por una configuración poco eficiente.
La corrección eficaz no es “bajar la temperatura y ya”. La corrección eficaz es alinear vivienda, emisor, hidráulica y control para que el sistema trabaje en régimen estable, a baja temperatura y con la modulación como norma, no como excepción.
En una revisión profesional bien hecha se suele empezar por lo que da más retorno: ajuste de curva climática, equilibrado y revisión de consignas de ACS. Si eso no basta, se analizan emisores, aislamientos, infiltraciones y, en casos concretos, el dimensionamiento.
Una buena revisión incluye ver consumos por periodos, tiempos de funcionamiento, frecuencia de ciclos y, si se dispone, datos de impulsión/retorno. Con eso se detecta rápido si el sistema está obligado a trabajar fuera de rango.
Si el diagnóstico se basa solo en “sensaciones”, se acaba cambiando parámetros al azar. A veces “parece” que mejora. A veces empeora. Lo que interesa es una intervención con criterio, sin ensayo y error infinito.
En aerotermia, los cambios pequeños y bien medidos suelen dar mejor resultado que las decisiones bruscas. Subir o bajar muchos grados de golpe, o cambiar el modo de funcionamiento cada dos días, confunde la lectura de resultados.
Una estrategia razonable es modificar un parámetro, observar varios días en condiciones similares, y solo entonces decidir el siguiente paso. Eso evita perseguir el confort como si fuera un blanco móvil, y así consume menos tu aerotermia.
Una aerotermia que consume más de lo esperado suele estar dando una pista: el sistema está trabajando fuera de su zona eficiente. En una vivienda unifamiliar, eso casi siempre se resuelve con un enfoque técnico y ordenado, empezando por regulación, equilibrado y revisión del conjunto emisor-vivienda, sin necesidad de “reinventar” la instalación en cada visita.

¿Por qué tu aerotermia consume más de lo esperado?
Si quieres revisar tu caso con criterio, en Revizo analizamos la instalación y te explicamos qué está penalizando el consumo y qué ajustes tienen sentido en tu vivienda, priorizando confort estable y eficiencia real, no soluciones genéricas.
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